Gabriel Wolfson

profesor universitario y escritor

Puebla

Literatura

Profesor del Departamento de Letras de la UDLAP desde hace 12 años. Reseñista en la revista "Crítica" y en algunos otros medios. Autor de algunos artículos académicos sobre literatura mexicana. Autor de algunos libros de narrativa ("Ballenas", "Los restos del banquete", "Be y pies", "Profesores").

1. Balance del Conaculta

1.1. Tras 27 años de existencia, ha muerto, al menos jurídicamente, el Conaculta. ¿Cómo describirías su desempeño durante esos años?

No malo en comparación con muchísimas otras oficinas del Estado mexicano y como contrapeso a otras instancias sociales-simbólicas (los mercados culturales). Podría haber sido mucho mejor, desde luego.

1.2. Si las hay, ¿cuál fue la mayor virtud del Conaculta?

No sé si la mayor: generar una mínima profesionalización específica de sus burócratas y funcionarios, así como la institucionalización de ciertos programas y procesos.

1.3. ¿Cuál fue, a tu juicio, el mayor defecto del Conaculta?

La falta de autocrítica y de reflexión sobre su propia labor -caer en una monotonía operativa- que lo llevara a autonomizarse del gobierno en tanto una verdadera perspectiva crítica, imaginativa y de resistencia.

1.4. ¿Cuál fue, en tu opinión, el momento más desafortunado del Conaculta?

No lo sé: ¿las obras faraónicas, la complacencia con el carácter ornamental que se le ha querido asignar siempre a la cultura?

1.5. Si el Conaculta no hubiera existido, ¿la cultura mexicana sería hoy más pobre?

No

¿Por qué?

La cultura mexicana no es una, sino muchas, y esas culturas habrían (o han, en muchos casos) encontrado formas distintas de existencia.

1.6. Del 1 al 10, ¿cómo calificas la gestión de Víctor Flores Olea?

8

1.7. Del 1 al 10, ¿cómo calificas la gestión de Sari Bermúdez?

4

1.8. Del 1 al 10, ¿cómo calificas la gestión de Sergio Vela?

3

1.9. Del 1 al 10, ¿cómo calificas la gestión de Consuelo Sáizar?

6

1.10. De 1 al 10, ¿cómo calificas la (doble) gestión de Rafael Tovar y de Teresa?

7
 

2. Fondo Nacional para la Cultura y las Artes

2.1. ¿Has obtenido algún apoyo o beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes?

¿Cuál(es)?

Becas de Jóvenes Creadores, y he formado parte de grupos que han recibido dinero del programa de Coinversiones.

2.2. ¿El Sístema Nacional de Creadores de Arte es un programa eficaz?

No sé

¿Por qué?

"No sé" quiere decir que no estoy seguro. Por una parte creo que sí, como alternativa, insisto, a la volatilidad de los mercados artísticos; por otra, creo que no mucho por varias razones que no caben en cien palabras.

2.3. A pesar de los mecanismos para que sean los creadores quienes elijan a los beneficiarios de las becas, ¿estos estímulos se distribuyen asimétricamente en el campo cultural? ¿Algunos grupos o creadores o regiones son privilegiados por encima de otros?

(En caso de que quieras agregar algún comentario)

Creo que el peso del DF sigue siendo mayor al que debería tener: su mucho mayor variedad y fuerza de mecanismos para producir trayectorias nubla posibilidades alternativas de trayectorias culturales.

2.4. A tu juicio, ¿este sistema de estímulos gubernamentales genera –voluntaria o involuntariamente– instancias de censura o autocensura?

¿Por qué?

No directamente. Pero se generan formas de participación en los campos artísticos (incluidas las obras o producciones como formas de participación) timoratas o acomodaticias, con las becas y otros estímulos en mente.

2.5. ¿Deberían el Fonca y sus programas de becas y apoyos permanecer intactos –o, aún más, fortalecidos– en la nueva Secretaría de Cultura?

¿Por qué?

Fortalecidos, mejorados. Pese a todo, insisto, han funcionado como espacios de posibilidades distintas a las pocas que imponen los mercados artísticos.
 

3. Secretaría de Cultura

3.1. ¿La nueva Secretaría de Cultura supone realmente un avance en términos institucionales, legales, enunciativos, respecto al Conaculta?

No sé

¿Por qué?

(Estoy poco enterado de las particularidades de la secretaría.)

3.2. Aún no existe una Ley General de Cultura que rija y guíe el funcionamiento de la nueva Secretaría. ¿De qué modo debería participar la comunidad de creadores en la definición de la Ley General de Cultura?

Creo que debería de participar no sólo la comunidad de creadores: también críticos, académicos, en fin. ¿De qué modo? Planteando las líneas generales, las ideas de fondo. ¿Cómo operar esta participación, de tal forma que se eluda el laberinto méxico-kafkiano de la legitimidad pero se logre representatividad? Ni idea.

3.3. En tu opinión, ¿puede la Secretaría de Cultura desempeñar una función “positiva” con los recursos que se le asignan y al interior de un gobierno como el de Enrique Peña Nieto?

¿Por qué?

Como posibilidad existe, en la medida en que prolongue la institucionalización lograda por el Conaculta (que trabajó al interior de gobiernos igualmente mediocres y cuestionables, en especial los dos sexenios panistas).

3.4. ¿Cuáles deberían ser, a tu juicio, las tres tareas principales de esta Secretaría?

A. Afinar su carácter de mediadora, de gestora, y limitar las grandes líneas programáticas (de contenidos concretos). En este sentido, desarrollar mucho más su cualidad de organismo estatal, desvinculándose lo más posible del gobierno.
B. La descentralización y la comprensión más cabal (en la práctica) de la heterogeneidad cultural del país.
C. La formación no de públicos sino de ciudadanos (palabra incómoda; en todo caso, la posibilidad de agenciamiento de los habitantes del país).

3.5. ¿Debería instrumentarse, desde la Secretaría de Cultura, una política cultural nacional, o convendría redistribuir los recursos y fomentar instituciones y políticas culturales regionales?

En teoría suena bien la segunda opción. Sin embargo, a la luz de lo que ha ocurrido con el Estado en los últimos 20 años, se lee muy complicada la labor (podrían generarse nefastos cacicazgos culturales regionales, casi imposibles de combatir, como los gobernadores actuales). Creo que debería instrumentarse una política cultural de perfil regionalista pero operada en términos nacionales.

3.6. En tu opinión, ¿los recursos que solía disponer el Conaculta y que ahora dispone la Secretaría de Cultura se han distribuido de manera apropiada?

No sé

¿En qué ámbitos debería ponerse mayor atención?

(No tengo una idea clara de la distribución del presupuesto del Conaculta.)

3.7. ¿Es pertinente y transparente el manejo de los recursos “etiquetados” que hace la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados?

No

¿Por qué?

Por una parte, quienes integran la Comisión de Cultura son, en su mayoría, personas con muy pero muy poco conocimiento del área; por otra parte, muchos de estos recursos se asignan de manera caprichosa o, peor, con justificaciones electorales.

3.8. ¿Qué consecuencias supondrá la separación del binomio, largamente inamovible, educación-cultura?

En la práctica, me parece, el Conaculta funcionaba con cierta independencia de la SEP. Supongo que la creación de la Secretaría le dará mayor autonomía jurídica. El problema es que esa autonomía en este país sea necesaria, dada la SEP que tenemos.

3.9. ¿De qué modo deberían colaborar la iniciativa privada y la Secretaría de Cultura?

Huy, no lo sé. No sé para empezar si "deberían" colaborar, no sé por qué dar por hecho que eso es beneficioso o necesario sin interrogar el fenómeno. Creo que, en todo caso, bajo normativas muy claras y estrictas, y en general siempre bajo las líneas teóricas generales de la propia Secretaría.

3.10. La prioridad de la administración de Tovar y de Teresa parecería ser la llamada agenda digital. ¿Consideras que hay temas que deberían gozar de mayor atención? De ser así, enuméralos a continuación.

A. La lectura. Pero en serio. No con campañitas, no con carteles vistosos, no con una sola idea anacrónica de qué es leer, qué se lee, cómo y por qué.
B. Las bibliotecas no como museos ni monumentos. Como centros sociales o comunitarios, operados localmente.
C. La pelea política y jurídica contra monopolios: audiovisuales, editoriales, cine, etcétera, y a favor de cierto proteccionismo en ciertas áreas (cine ejemplarmente).
 

4. Legislación

4.1. ¿Qué aspectos sería deseable que recogiera la Ley General de Cultura? De ser posible, enumera tres que consideres prioritarios.

A. Creo que podrían derivar de los temas planteados en la pregunta anterior.

4.2. ¿Crees que las bases de esta ley deberían ser objeto de una consulta nacional?

No sé

4.3. ¿Te parece que la nueva legislación alterará la estabilidad laboral que tienen hasta el momento los trabajadores sindicalizados del sector?

No sé

4.5. ¿Consideras que la ley debe ofrecer mejores condiciones para los trabajadores no sindicalizados, es decir, para todos los que realizan tareas dentro de las instituciones bajo el llamado Capítulo 3000 (de “servicios generales”)?

¿Y en qué deberían traducirse esas mejoras?

Mejoras de estabilidad laboral y de equivalencia de sueldos a nivel federal (y supongo que otras, pero conozco poco el tema).
 

5. Generales

5.3. ¿Debería conducirse la gestión cultural de acuerdo con una lógica empresarial? ¿O debería mantenerse el ámbito de la cultura a salvo de los índices de productividad y demás marcadores económicos?

El Estado, entre muchos otros, tendría dos frentes en parte más urgentes y en parte menos imposibles de encarar en el posicionamiento frente a la lógica neoliberal: la educación y la cultura (en la división tradicional de ámbitos). En la aproximación del discurso empresarial a la cultura y la educación se ha producido el verdadero asentamiento de ese discurso en tanto sentido común, en tanto estado natural de las cosas, y es ese 'sentido' el que hay que empezar a modificar. Así que la gestión cultural debe mantenerse a salvo de índices de productividad y mejoras continuas no sólo porque, como es claro, esos índices y esas mejoras son mecanismos de angustia y control (o, en el mejor de los casos, cuentos chinos), sino porque, como planteamiento general, de base, la gestión cultural debería servir para contrarrestar ese discurso. Y en otros términos más mundanos, dado el dispendio de recursos del Estado en otras ramas, creo que hay eso, recursos suficientes para poder gestionar la cultura en el país sin atarse a esos indicadores nefastos.

5.6. ¿Consideras que el papel del Estado frente a las industrias culturales debe ser más activo, en tanto que se regule con más claridad su participación en la vida pública frente a los medios tradicionales del arte?

Sí, creo que podría ser mucho más activo. Para empezar, debería dejar de ser colaborativo, gratuita e irracionalmente colaborativo con muchas grandes empresas de producción simbólica (mi ejemplo favorito por conocido: las secretarías o institutos de cultura que creen que su tarea es organizar presentaciones de libros, y de ese modo cooperan en el marketin de muchas corporaciones editoriales). Pero sobre todo, el Estado (y la Secretaría de Cultura podría ser una de sus formas principales) debería recuperar ciertas posibilidades de proteccionismo y regulación (palabras vetadas por el discurso neoliberal): en la distribución de cine, en el doblaje de películas y programas, en el precio y las condiciones de distribución de los libros, en la adquisición de esos libros por las bibliotecas públicas, y fundamentalmente, en la televisión y sus contenidos.