Christian Gómez

Periodista y mediador de arte.

Ciudad de México

Artes visuales

Estudió Historia del Arte y Ciencias de la Comunicación en la UNAM. En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, ha sido profesor de las asignaturas Arte y comunicación, Periodismo y lenguaje narrativo y Taller de apreciación estética y narrativa de los medios. En el ámbito de la mediación educativa en arte, diseñó e impartió el taller “Desde el arte el entorno” en Museo Jumex y participó como interlocutor en la residencia de la Plataforma Arte Educación en el Centro Cultural Border. También formó parte del Seminario Arte y materialidad, surgido en el Posgrado en Historia del Arte. Ha sido editor de la sección de arte de La Ciudad de Frente y reportero en la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM. Desde 2009 escribe sobre arte contemporáneo en publicaciones académicas y de divulgación. Su investigación está orientada hacia la mediación de las prácticas artísticas contemporáneas, así como sus implicaciones políticas y sociales.

1. Balance del Conaculta

1.1. Tras 27 años de existencia, ha muerto, al menos jurídicamente, el Conaculta. ¿Cómo describirías su desempeño durante esos años?

Nacer de un decreto con un trasfondo político y no tener un marco legal claro fueron las características de origen. Lo que vino después fue sobre esa base: opacidad, ensayo y error sobre la marcha sin una dirección precisa.

1.3. ¿Cuál fue, a tu juicio, el mayor defecto del Conaculta?

La falta de reglas claras.

1.4. ¿Cuál fue, en tu opinión, el momento más desafortunado del Conaculta?

Todos aquellos momentos en que las decisiones se tomaron con base en preferencias personales por falta de reglas claras: asignaciones directas de proyectos, daños al erario, sobreprecios. Un ejemplo fue cuando la Auditoría Superior de la Federación detectó en 2014 un daño por más de 350 millones de pesos.

1.5. Si el Conaculta no hubiera existido, ¿la cultura mexicana sería hoy más pobre?

No sé

¿Por qué?

La cultura mexicana también está en el patrimonio. Hay otras instituciones involucradas. A la vez, más allá de sus dirigentes, hay personas que hicieron que Conaculta permaneciera en pie y funcionara a pesar de todo.
 

2. Fondo Nacional para la Cultura y las Artes

2.1. ¿Has obtenido algún apoyo o beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes?

No

2.2. ¿El Sístema Nacional de Creadores de Arte es un programa eficaz?

No sé

¿Por qué?

Es importante que exista, pero debería optimizarse la distribución de los recursos.

2.3. A pesar de los mecanismos para que sean los creadores quienes elijan a los beneficiarios de las becas, ¿estos estímulos se distribuyen asimétricamente en el campo cultural? ¿Algunos grupos o creadores o regiones son privilegiados por encima de otros?

(En caso de que quieras agregar algún comentario)

Un gran problema es la concentración en el centro y la distribución inequitativa entre grupos de edad.

2.4. A tu juicio, ¿este sistema de estímulos gubernamentales genera –voluntaria o involuntariamente– instancias de censura o autocensura?

No sé

¿Por qué?

Pienso que obtener un apoyo no implica automáticamente una cooptación. Hay gente que los tiene y sigue siendo crítica o desarrollando proyectos críticos; sin embargo coexisten con quienes introyectan un oficialismo aun sin petición. Los apoyos de creación tienen una función importante pues posibilitan el desarrollo de un tipo de prácticas que en los hechos no pueden equipararse con otras prácticas económicas.

2.5. ¿Deberían el Fonca y sus programas de becas y apoyos permanecer intactos –o, aún más, fortalecidos– en la nueva Secretaría de Cultura?

No

¿Por qué?

Intactos no. Revisados y fortalecidos sí.
 

3. Secretaría de Cultura

3.1. ¿La nueva Secretaría de Cultura supone realmente un avance en términos institucionales, legales, enunciativos, respecto al Conaculta?

No sé

¿Por qué?

Hasta ahora tiene un origen similar al del Conaculta: un decreto en una coyuntura política y sin reglas claras. Todos esos avances se verán en la legislación.

3.2. Aún no existe una Ley General de Cultura que rija y guíe el funcionamiento de la nueva Secretaría. ¿De qué modo debería participar la comunidad de creadores en la definición de la Ley General de Cultura?

Haciendo escuchar sus demandas y necesidades. Sin embargo, lo que es lamentable de este gobierno es la incapacidad de escuchar o la capacidad de tergiversar aquello que llega a sus oídos de boca de los ciudadanos. La Ley 3 de 3 es un ejemplo de ello.

3.3. En tu opinión, ¿puede la Secretaría de Cultura desempeñar una función “positiva” con los recursos que se le asignan y al interior de un gobierno como el de Enrique Peña Nieto?

No sé

¿Por qué?

Ligado a mi respuesta anterior: estamos ante un gobierno que se blinda ante el castigo a la corrupción; omiso ante los gobernadores que se blindan ante la revisión de sus gestiones corruptas. No lo veo con entusiasmo. Necesitamos para cultura lo mismo que para el resto de las instancias: claridad en los procesos, optimización en el manejo de recursos y transparencia.

3.5. ¿Debería instrumentarse, desde la Secretaría de Cultura, una política cultural nacional, o convendría redistribuir los recursos y fomentar instituciones y políticas culturales regionales?

No sabría contestar esta pregunta. La secretaría tiene un carácter federal y, como las otras, debería coordinarse con las instituciones estatales que, por supuesto, deberían ser fortalecidas.

3.6. En tu opinión, ¿los recursos que solía disponer el Conaculta y que ahora dispone la Secretaría de Cultura se han distribuido de manera apropiada?

No sé

¿En qué ámbitos debería ponerse mayor atención?

3.7. ¿Es pertinente y transparente el manejo de los recursos “etiquetados” que hace la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados?

No sé

¿Por qué?

3.8. ¿Qué consecuencias supondrá la separación del binomio, largamente inamovible, educación-cultura?

Ese binomio surgió con la construcción de un proyecto de nación, y sus ciudadanos, tras la Revolución. La instrumentalización política de la cultura, la falta de proyecto y el neoliberalismo ya habían trastocado ese binomio. Pensar la cultura como turismo es ya la consecuencia de eso.

3.9. ¿De qué modo deberían colaborar la iniciativa privada y la Secretaría de Cultura?

En una relación que permita que la secretaría no renuncie a sus responsabilidades, donde la producción cultural sea apoyada por la iniciativa privada y no supeditada a ella.
 

4. Legislación

4.2. ¿Crees que las bases de esta ley deberían ser objeto de una consulta nacional?

4.3. ¿Te parece que la nueva legislación alterará la estabilidad laboral que tienen hasta el momento los trabajadores sindicalizados del sector?

No sé

4.5. ¿Consideras que la ley debe ofrecer mejores condiciones para los trabajadores no sindicalizados, es decir, para todos los que realizan tareas dentro de las instituciones bajo el llamado Capítulo 3000 (de “servicios generales”)?

¿Y en qué deberían traducirse esas mejoras?

Estabilidad, certeza económica, prestaciones y no hostigamiento.
 

5. Generales

5.1. ¿En qué medida y bajo qué parámetros la cultura puede ser utilizada para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos? ¿En verdad la cultura puede regenerar el “tejido social”, como se repite insistentemente?

Yo así me lo cuento: la idea de que las artes pueden tener efectos para mejorar la vida de los ciudadanos tiene su origen desde que se habla de la autonomía del arte. Las artes como pedagogía del ciudadano para un nuevo Estado nacional. La formación del ciudadano. En México eso está en el muralismo, pero también en muchos momentos posteriores. Con el país que ahora vivimos, con lo que se ha sufrido en los últimos años, es una idea que circula entre los artistas, que motiva sus prácticas: que el arte se pueda articular en procesos de mejora, de crítica social. En el norte del país hay proyectos muy precisos. Honestamente, cuando lo he escuchado en boca de Tovar y de Teresa desde que volvió a asumir el cargo una (Conaculta) y otra vez (Secretaría de Cultura), creo que es pura apropiación discursiva. Lo que hay es instrumentación política, coacción a través de los recursos. Eso es otra cosa.

5.4. De acuerdo con la encuesta de consumo cultural, en 2015 el 91% de los mexicanos no asistió a un solo evento cultural creado por un artista mexicano; el 86% no ha pisado jamás un museo, y el 62% nunca ha entrado a un espacio cultural –una casa de cultura, una biblioteca, un teatro. ¿De qué modo democratizar el acceso a la cultura?

El problema que siempre he visto con este tipo de mediciones es que desatienden un nivel pragmático. Se señala qué no hacen los consumidores, pero no sé por qué no se trabaja en investigar más sobre lo que sí hacen/consumen para trabajar sobre ello. Críticas como las de un autor como Gregorio Hernández Zamora a las encuestas de lectura me parecen vitales (http://www.jornada.unam.mx/2002/09/01/mas-gregorio.html): se determina que la gente no lee/consume ciertos productos culturales, pero no se conoce cuáles sí. A la vez, hay una posición de clase desde esa determinación que difícilmente se somete también a juicio. En la pregunta, por ejemplo, no están contempladas la televisión ni la radio en las que también hay emisoras culturales. El problema de éstas, que llegan a más mexicanos, es que están secuestradas por los intereses políticos y eso las pone lejos de la noción de medios públicos y muy cerca de medios de Estado. Eso aunado a sus lamentables condiciones económicas y laborales que se reflejan en los contenidos. Así las políticas con otros espacios culturales: presionados por los números y concentrados en el centro, están lejos de pensar en otras formas de vinculación. Aquí, precisamente, la relación con la educación sería vital en el desarrollo de experiencias significativas y, con ello, en la construcción de públicos. Esa posibilidad ha sido rebasada por los números.